Baloncesto 1+1

Baloncesto 1+1

El devenir en la vida de un jugador profesional de baloncesto norteamericano puede ser incierto. Puede vivir sin deshacer las maletas, hoy en Turquía, dentro de un mes en Venezuela. Tal vez no necesite cruzar el charco y consiga desarrollar una carrera en la liga profesional de su país, ganando buenos cuartos ofreciendo sus servicios en una u otra franquicia, en una u otra ciudad. Unos pocos podrán ser relativamente dueños de su destino, hacerse multimillonarios y ver el número de su camiseta colgado en el techo de un pabellón.

Dejarán algo de sí mismos allá por donde pasen: trabajo duro,  sudor y lágrimas, buenos y malos momentos. Pero todos tienen algo en común. Su CORAZON siempre pertenecerá al programa formativo que les vio nacer. En el caso que nos ocupa, a su Universidad.

Nadie deja de ser un Wildcat, un Spartan o un Tar Heel, LO ERES PARA SIEMPRE.

En la ciudad de Bloomington es día de partido. Esta tarde los Hoosiers de la Universidad de Indiana reciben la visita de los Blue Devils de Duke. Entre la gente que acude al partido hay estudiantes, lugareños, disfraces de lo mas extravagante, caras pintadas y bandas de música: “c’ mon, let’s go”! Una vez dentro del Assembly Hall celebrarán cada canasta como si fuera un gol. Tienen bien aprendidos sus rituales centenarios: para los tiros libres, saques de banda, la expulsión de un rival, no hay tiempo de pestañear “esos Snobs de Duke tendrán hoy su merecido”. En cualquier otro lugar es solo baloncesto pero esto es Indiana.

Los americanos tienen un complejo con Europa: la historia. Cuando vienen flipan. Uno comentaba en un programa de televisión: ustedes tiene aquí váteres más antiguos que nuestro País. Por eso la NCAA tiene un valor extraordinario para ellos. Es el lugar que va desde el origen mismo del deporte hasta hoy, en el que convergen todos los estilos de la mano de entrenadores genuinos. Algunos hemos visto nacer franquicias NBA con aquellos drafts de expansión y otras que cambian de ciudad o desaparecen. Pero la rivalidad del Red River entre Oklahoma y Texas tiene más de 100 años.

El estilo de juego NBA está cuestionado. Los foros están cargados de encuestas  tipo: ¿se jugaba mejor en los 80? ¿ganarían los Bulls de Jordan a los Lakers de Lebron?, ni siquiera Candance Parker y Shaquille O’Neal se ponen de acuerdo sobre si en la actualidad se defiende o no se defiende.

En el baloncesto universitario se defiende, vaya si se defiende. Es la intensidad del juego la que te atrapa. Zion Williamson sabía que en pocos meses firmaría un contrato de muchos ceros y la sombra de las lesiones es alargada sobre un chico que está a punto de resolver su futuro y el de toda su prole. Sin embargo había que ver como se partía la cara contra los chavales de Iowa o Florida State y como se lanzaba al suelo sin pensar para evitar que un balón saliera del campo.

En breve comienzan los torneos que determinarán los campeones de cada una de las Conferencias. La temporada regular ha concluido, mutilada como no, por el mismo virus que ha mutilado todas las competiciones. Después vendrá el Gran Baile o la locura de Marzo, el torneo del que saldrá el campeón de la Nación. Es un gran momento para acercarse al baloncesto universitario. Ese donde las posesiones siguen siendo de 30 segundos, en el que aún existe algo que solo recordarán los mas talluditos del lugar: el 1+1 en los tiros libres.

Gustavo Mariño García