Llega el March Madness

Hace unos años hablando con un amigo que vive en Filadelfia me di de bruces con lo que significaba el torneo de la NCAA. Hacía algún tiempo que no nos veíamos y propuse hacerle una visita express para conocer la ciudad, visitar la Liberty Bell, en fín lo típico. Su respuesta fué: Estas de coña? No sabes que mañana empieza el Madness?.

Con el tiempo entendí que no se trataba solo de que mi amigo fuera un desapegado sino de que la locura de Marzo es para los americanos un evento deportivo solo comparable con la Superbowl.

Antes mismo de empezar, ya se han cubierto cientos de horas de televisión con lo que ellos llaman  braquetology: básicamente especular sobre cual será la formación del cuadro y qué equipos tienen más o menos posibilidades de ser invitados. Hay que tener en cuenta que además de los 31 pasaportes directos de los campeones de Conferencia, otros 37 equipos conocerán su futuro en el Selection Sunday que es el día en el que se configura el cuadro definitivo con los emparejamientos.

Nervios a flor de piel entre los responsables de los programas deportivos de las universidades que se juegan su prestigio. También entre los aficionados que no pueden consentir que los suyos se queden fuera. Y sobre todo, hormigas en el estómago de los jugadores que desean que sus sueños se hagan realidad dentro de este escaparate gigante.

 Y es que si hay un lugar donde soñar es éste. 82 años de historias increíbles lo acreditan. Si en los Playoffs de la NBA lo increíble sucede, en este torneo lo sorprendente es rutina.

Historias de Cenicientas que se vuelven princesas, rivalidades que perduran en la memoria, lanzamientos en el último segundo, de remontadas épicas.

 El año pasado en Marzo hubo una locura pero no fue ésta. Nos quedamos sin Madness como mucha gente se quedó sin cosas bastante más importantes.

Pero vuelve, ya está aquí. Con todas las peculiaridades propias de una temporada peculiar ( por ponerle un adjetivo amable ). Sin Duke y sin Kentucky después de tropecientos mil años, sin John Calipari ni Mike Krzyzewski. Con una sola sede, la ciudad de Indianápolis para el torneo masculino y la ciudad de San Antonio para el femenino. Todo ello con la ausencia mas notable, la de los aficionados ( en torno al 25% de aforo permitido, es decir, las familias ).

Pero con la “creme de la creme” de los y las baloncestistas que han decidido desarrollar su formación en universidades USA. Chicos y chicas de todo el mundo viviendo una experiencia única en sus vidas.

 Y sí claro, entre ellos los llamados a la gloria. Las superestrellas del mañana. Pronto vestirán ropas estrafalarias y podrán regalarle casas nuevas  a sus madres, de momento solo son críos buscando su destino.

   It’s time to dance!

Gustavo Mariño García